Su padre entró y se tomó un momento para echar un vistazo a la habitación de Eloise. Sus ojos se detuvieron en los numerosos trofeos que ella había ganado a lo largo de los años. Las paredes, aún pintadas del beige claro que ella había elegido cuando se mudó por primera vez a la universidad, parecían guardar recuerdos de otra época. Se volvió hacia ella, con seriedad en los ojos. «Eloísa, me he dado cuenta de que he cometido un terrible error. ¿Puedo explicarte algo?» Eloise, sorprendida por su confesión, asintió con la cabeza, curiosa por saber qué le iba a contar.
Los dos se sentaron en su cama, en un raro momento de intimidad. Eloísa notó la inusual suavidad en la voz de su padre cuando empezó a revelarle una parte de su pasado que ella nunca había oído antes. «Cuando eras pequeña, yo trabajaba en una fábrica de piezas de automóvil. Tu madre se quedaba en casa para cuidarte mientras yo trabajaba. No teníamos mucho, pero volver a casa con vosotras dos era lo mejor del día»