Una mujer dejaba que su bebé durmiera con su pitón todas las noches, cuando el veterinario descubrió que había palidecido.

A medida que pasaban las horas, Cassandra se encontraba atrapada en una red de tensión. Cada vez que sonaba el teléfono, sentía una sacudida de expectación, que se desvanecía en el abismo de la incertidumbre cuando no era la llamada que estaba esperando. No fue hasta el atardecer cuando por fin recibió la llamada que le deparaba su destino. Al contestar, su voz, mezcla de impaciencia y temor, sonó en el auricular: «¿Y?» Se puso nerviosa, luchando por contener la tempestad de emociones que la embargaban.

El Dr. Hanson se dispuso a hablar durante lo que pareció una eternidad. El mero carraspeo hizo que el corazón de Cassandra se hundiera en un abismo de espanto. El silencio flotaba en el aire, cargado de ansiedad y miedo. Sentía como si estuviera a punto de asestarle un golpe devastador, y se preparó, agarrando con fuerza el borde de la mesa y apoyando el cuerpo en su robusto armazón. Una súplica silenciosa resonó en los confines de su mente: «Por favor, por favor, por favor, que sean buenas noticias» Con la respiración contenida, esperó a que el Dr. Hanson finalmente separara los labios para hablar..