Youtube|6abc Philadelphia
La grabación era borrosa, pero lo suficientemente clara como para ver la desesperación de Luna. Corrió hacia el porche, moviendo las piernas lo más rápido que podía, pero el coyote era implacable. Cada vez que intentaba escapar, el coyote se abalanzaba, chasqueaba las mandíbulas y tiraba de ella hacia atrás.
A Jose se le partió el corazón. Luna estaba luchando por su vida, su pequeño cuerpo no era rival para la fuerza del coyote. Las lágrimas le nublaron la vista mientras observaba. Él no estaba allí. No podía protegerla. Pero entonces, algo cambió. Luna, exhausta pero decidida, consiguió subir al porche. Estaba fuera del alcance del coyote, aferrada a la barandilla, con el cuerpo tembloroso por el miedo y el dolor. Jose apenas podía creer lo que veían sus ojos. Estaba viva.
Sin pensárselo dos veces, Jose salió corriendo, con el corazón latiéndole con fuerza. Llegó al porche y encontró a Luna, con sus pequeñas patas aún agarrando la madera y los ojos muy abiertos, llenos de terror. La cogió con cuidado, sintiendo su cuerpo tembloroso entre los brazos, y la llevó dentro.
Había estado cerca. Luna estaba maltrecha y asustada, pero a salvo. Su valentía, su voluntad de sobrevivir, la habían sacado adelante. Jose la abrazó con fuerza, agradecido por no haberla perdido.
Fuente: Youtube|6abcPhiladelphia